Prólogo
Subí a la azotea de la antigua casa de mis padres y vi la caja. Nunca me habían dejado leer lo que había en ella pero hoy, con dieciséis años, por fin podría verla sin faltar a la memoria de mis difuntos padres. La abrí y lo primero que me encontré fue una foto de cuando era pequeña con una frase en ella: PRINCESA DESAPARECIDA
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